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A la Noche Corrientes  
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Mario Chiapa
 
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Etapa 2
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Etapa 2
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Segunda etapa
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Rally Dakar
El cordobés Cavigliasso ganó la primera etapa en "cuatris"
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SALUD
Alertan que los cigarrillos electrónicos son “adictivos y cancerígenos”
El médico cardiólogo Francisco Toscano Quilón alertó sobre el abuso de cigarrillos electrónicos de vapor y advirtió que los mismos contienen altas dosis de nicotina y polietilenglicol, lo que los vuelve “adictivos, tóxicos” con efectos pro cancerígenos.
CIENCIA Y TECNOLOGÍA
Ya no se podrá ver Netflix en algunos celulares
Netflix ha tomado en las últimas horas una drástica medida que venía avisando hace tiempo pero que igualmente recibió miles de críticas.
Especialistas
Afirman que el humo de los sahumerios es dañino para la salud
Un estudio reciente asegura que los efectos de los sahumerios son dañinos para la salud y sus efectos son similares a los del tabaco.
A 10 AÑOS

El terror que enmudeció Bombay

El primer disparo sonó a las nueve de la noche del 26 de noviembre. El último, a las ocho de la mañana del día 29. Fueron 60 horas en las que Bombay, una de las ciudades más pobladas del mundo, enmudeció.

El silencio de calles vacías normalmente atestadas de gente sólo se rompía por el sonido de los tiroteos, las explosiones, el trasiego de las fuerzas de seguridad o el cuchicheo de los mirones. Una ciudad en vilo, todo un país con el corazón en un puño. Sesenta horas de infarto en las que murieron 166 personas y unas 300 resultaron heridas.

Se cumplen 10 años de una matanza insólita en la historia de la India. Ni la primera, ni la última, ni la más sangrienta, pero sí una de las más terroríficas por cómo se desarrolló la masacre en una zona urbana. El 26/11, se suele escribir. El 11-S indio, se suele llamar.

Diez paquistaníes, armados con rifles de asalto e infinidad de granadas de mano, navegaron en un pesquero desde Karachi para desembarcar a orillas de Bombay y causar el terror en la capital financiera de la India, hogar de unos 20 millones de habitantes. El ataque se produjo entrada la noche en varios frentes del sur de la ciudad. El sur adinerado, turístico, arbolado, comercial, colonial. Los atacantes, divididos en pequeños grupos perfectamente coordinados, asaltaron la estación de tren CST (antigua Victoria Terminal), los hoteles Taj Mahal y Oberoi-Trident, el centro judío Chabad, el hospital Cama y el café Leopold. En cada lugar empezaron a llover balas contra trabajadores, turistas, huéspedes, policías, hindúes, musulmanes, cristianos o judíos. El plomo no hizo distinción de clase, género o religión.

Los asaltos al centro judío y a los dos lujosos hoteles prolongaron la angustia global durante casi tres jornadas, hasta que las tropas de élite indias tumbaron a los atacantes. Las imágenes dieron la vuelta al mundo: el hotel Taj Mahal envuelto en humo y llamas, las maletas y los charcos de sangre de la estación, el goteo de rehenes liberados y Ajmal Kasab, el único terrorista que fue detenido con vida, caminando con un AK-47 en la mano. En España, gran parte de la atención la acaparó Esperanza Aguirre, que se encontraba con una comitiva madrileña en la entrada del Oberoi cuando empezaron los disparos. En el Taj se alojaba una delegación de eurodiputados, entre ellos Ignasi Guardans.

"Imagina el quebradero de cabeza que es para el personal de seguridad tener secuestrada tres días una ciudad como Bombay", cuenta C. Uday Bhaskar, ex militar y director de la Sociedad para Estudios Políticos. "El ataque mostró muchas debilidades en el aparato de seguridad indio, especialmente en temas marítimos, y la falta abismal de coordinación entre las agencias de Inteligencia, algo que todavía hay que corregir". Aquel año, de hecho, se habían emitido alertas sobre un posible ataque en la ciudad portuaria.

India ha acusado en numerosas ocasiones a los servicios de inteligencia de Pakistán de estar detrás del grupo paquistaní Lashkar-e-Taiba (LeT) al que pertenecían los terroristas, algo que Islamabad niega. Delhi sostiene que el país vecino demuestra su apoyo a grupos insurgentes que atentan en la Cachemira india al mantener en libertad a Hafiz Saeed y Zaki-ur Rehman Lakhvi, dos líderes del LeT señalados por India y Estados Unidos como cerebros del 26/11.

En este tiempo ambos islamistas han recibido el visto bueno de los tribunales pakistaníes. Sin embargo Kasab, el atacante que sobrevivió, fue detenido, juzgado y ejecutado en 2012 en India, uno de los países que más sentencias de muerte dicta, pero también uno de los que menos las lleva a cabo. Esta sí. Desde el principio el autor de una de las masacres más dolorosas para el país asiático tenía pocas papeletas para evitar el patíbulo.

En la última década, los supervivientes y sus familiares han tratado de salir adelante cargando el peso de unos recuerdos imborrables. Durante los meses posteriores al ataque recibieron compensaciones económicas, viviendas y empleos (los mismos trabajos que dejaron los asesinados), pero hoy reclaman una atención y una justicia que, dicen, no llega.

Según el analista Ajai Sahni, director del Instituto de Gestión de Conflictos, más allá de las familias afectadas el 26/11, no está tan presente en la mente de los indios, "a pesar de los esfuerzos periódicos de la prensa por mantener viva su memoria a modo de alerta o de llamada a la acción". En la India, afirma, "la vida tiene poco valor y la memoria es muy corta". Los ataques de Bombay sirvieron para revisar protocolos de seguridad, ampliar la vigilancia costera y terrestre y modificar presupuestos de Defensa. Aun así este experto sostiene que India se enfrenta todavía a un "déficit" de capacidades para hacer frente a sus debilidades.

India ha sido muchas veces golpeada con fuerza por el terrorismo. En 1993, en 2006, en 2008, en 2016. La agenda del país avanza en torno a la seguridad nacional: es asunto diario en informaciones, declaraciones de políticos y columnas de opinión. "La sensación de amenaza claramente existe, pero las agencias gubernamentales han mejorado sus aparatos, la gente ha ganado confianza en las fuerzas de seguridad y se siente más protegida que antes", dice Sarral Sharma, investigador del Instituto de Estudios de Paz y Conflicto.

Mientras tanto India, que está encontrando las respuestas a sus preguntas en el nacionalismo hindú, mantiene su particular enemistad con la República Islámica de Pakistán, con sus tensiones pendulares, sus diálogos interrumpidos y sus enfrentamientos fronterizos. "Otro ataque como el del 26/11 podría llevar a India y Pakistán al borde de un conflicto armado", concluye Sharma.



Lunes, 26 de noviembre de 2018


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