Tigre
Román Martínez: "El fútbol se juega con la cabeza"
 Una de las figuras de Tigre, la revelación del Clausura, recuerda la gran campaña; "Siempre sentimos que salvarnos del descenso era como ganar un campeonato", confiesa el volante, codiciado por varios clubes.
El Barrio Mitre es un juego peligroso. El que entra se mezcla entre los olores de la precariedad, la necesidad, el trabajo y la esperanza. Es el cercano Oeste: allí se conocen todos. Los que están, los que se fueron, los que prometieron regresar. Hay malevos y docentes. Hay ladronzuelos y predicadores. Hay, sobre todo, miles de futbolistas, casi todos arropados con la camiseta de Deportivo Morón, un león dormido del ascenso. Román Fernando Martínez corría el balón en esas esquinas sin lunas ni soles: corría porque era lo único que le daba felicidad. Hoy, la verdad, apenas si trota. Es el talento del sorprendente Tigre y hace lo que hizo siempre. "El fútbol, como la vida, se juega con la cabeza, no con los pies", advierte el?verdadero Román; decirle el otro, a esta altura, parece una blasfemia. Se hace el poeta: "Es así: la cabeza maneja todo. Desde el cansancio hasta la desesperación, cosas que fuimos corrigiendo porque siempre creímos en nosotros", sugiere hoy, aliviado detrás de la angustia, con la estación Victoria sellada en primera, cuando años atrás su escape era solamente vestirse con el color del popular gallito. Jugar, distraerse en el club de sus amores.
Román tiene 29 años y juega como Kaká. "Nooooo. Es una exageración de Patito Galmarini, que una vez me definió así. Hasta me comparan con Riquelme, por el nombre, nada que ver. Mirá que pasé malísimos momentos y ahora me río con todo esto. Lo disfruto", cuenta el mismo hombre que alguna vez se enojó con ciertos desagradecidos de la platea, cuando el promedio amenazaba en decrecer. "Ya pasó, fue un día de calentura. Nos conocemos todos acá y tenemos el corazón en el club. Hay muchos jugadores que quieren a Tigre y que supieron transmitirles ese mensaje a los demás. Los que fueron llegando", relata Román el exacto valor que tiene este trofeo, el del otro campeón, detrás de una larga historia de ascenso, dolores, corazones y pelotazos al vacío. El auténtico sentido de pertenencia.
Es un bromista empedernido. Dice lo que piensa, aunque no siempre piense lo que dice. Es un hombre de barrio, desfachatado, locuaz, aunque familiero. Allí está, con los suyos, como siempre, luego de cada triunfo, luego de cada tropiezo. Es un apasionado de la velocidad: hoy tiene un Mini Cooper negro, pero supo tener autos de todos los colores y motores. En el agua, vuela en jet ski. En la cancha, sin embargo, piensa. "Y tampoco hago muchos goles. Lo mío es otra cosa", se divierte, en el momento de la foto con LA NACION, luego de abrazarse con una pequeña con síndrome de Down que se emociona con sólo mirarlo. Le regala un chocolate, que lo transporta a otra realidad. "Nunca me creí esto de ser futbolista. Soy el mismo tipo de barrio de siempre. El Vasco nos ayudó en ese sentido, para que nunca saquemos los pies de la tierra. Por eso, siempre pensamos primero en no descender. Lo del título fue un sueño, nunca lo quisimos creer", sugiere Román. La figura de hoy, un rostro diferente de aquel pibe que rodaba el balón por debajo de la suela sin la puntería de años atrás.
-Es increíble cómo la lucha por no descender los llevó casi, casi, al título.
-Siempre sentimos que salvarnos del descenso era como ganar un campeonato. ¡Estábamos a 17 puntos de San Lorenzo y a 38 de Banfield! En el fondo del mar estábamos; en el horno...
-No salieron campeones, pero sintieron algo parecido.
-Lo soñé así: abrazándome con mis compañeros y llorando como un loco. Esta película la vengo imaginando desde hace muchísimos meses. Éste era el final.
De Morón pasó a Arsenal. En Sarandí, en tres temporadas, apenas jugó durante once partidos. Unos 75.000 dólares costó la transferencia, un vuelto si se lo sigue de cerca hoy, cuando cada lujo, cada asistencia reflejan aquellas gambetas del barrio bravo. Llegó Tigre, llegó el ascenso a primera, el subcampeonato en aquella frenética definición contra Boca. Espanyol y Tenerife descubrieron algo que ya se sabía: Román extraña a los suyos. Volvió a Tigre. Para salvarlo, suerte de milagro. "Estábamos en el fondo del mar y nadie daba un peso por nosotros. Me da orgullo ser parte de este plantel. Esto es lo mejor que me pasó en la vida", dice, ahora, luego del larguísimo camino.
Lo busca River. Lo quiere Estudiantes. Se habla de millones. De 1.200.000 dólares. Tentaciones para el otro, para el verdadero Román. Una vez más, el fútbol se ofrece de trampolín para ver el sol. Martínez hizo todo lo demás.
19 son los partidos de Martínez en el Clausura 2012, en los que hizo dos goles; Román y Diego Morales fueron los únicos con asistencia perfecta.
canchallena.com - Jas12
Martes, 03 de julio de 2012 |